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Blanca Portillo, actriz

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«No he llegado a ningún lado, estoy todo el rato en el camino»

Etiquetas: blanca portillo actriz 

Blanca Portillo, la actriz que se dio a la fama con su papel de Carlota en la serie de televisión "Siete vidas", es una mujer comprometida con todo lo que le rodea. A sus 44 años, y con una larga trayectoria a sus espaldas, ya no hay quien le pare. La representación de la obra de teatro "Barroco", de la que es protagonista, ha cerrado un ciclo lleno de éxitos para Portillo, que acaba de ser nominada para el premio a la mejor actriz de la Unión de Actores por esta obra.

-¿Qué proyectos le han marcado más en su carrera? -El primero que hice al salir de la escuela, con José Luis Gómez, fue de alguna manera el salto a la vida profesional. Me marcó personalmente porque era un personaje de mucha responsabilidad cuando aún era una niña y me hizo dedicarme a esto de otra manera. Y otro básico en mi trayectoria fue irme a Argentina a hacer "El hijo del aire", con Jorge Lavelli, porque también me cambió la vida.

-Es una de las actrices más versátiles de nuestro país. ¿Le gusta tocar todos los palos? -Si sólo cultivas una faceta, sea en géneros o en tipos de personajes, pierdes el tiempo. Dicen que quien mucho abarca poco aprieta, pero yo intento ser tremendamente rigurosa con cada cosa que hago. Intento ampliar conocimientos y seguir aprendiendo, si no, ¿vaya aburrimiento!

-De usted se ha dicho que siempre escoge bien los personajes. ¿Cómo se enfrenta a la elección de un nuevo trabajo? -Cuando leo un proyecto tiene que haber algo que me haga pensar, que me haga conmoverme y plantearme cosas. Nunca he entendido el porque sí. Siempre trabajo con gente a la que le va la vida en lo que cuenta y lo que quiere contar. Además tiene que tener una connotación social en la medida en que yo estoy obligada a contar desde un escenario algo para la gente que está ahí afuera, para que quien lo ve se vea y se reconozca.

-No es para nada conformista -En absoluto. Detesto cuando un director me dice "con eso ya vale". Hay que llegar siempre todo lo lejos que se pueda y te tiene que ir la vida en ello.

-Gracia Querejeta, Pedro Almodóvar y ahora, Tomaz Pandur. Todos han escrito un papel especialmente para usted. -Es mucha responsabilidad y un orgullo, no lo voy a negar. Me parece maravilloso cuando Pedro anuncia públicamente que ha escrito un papel por y para mí. Hablamos de gente que es buenísima. Cuando Gracia me dijo que había escrito el papel pensando en mí, sin haber cruzado palabra jamás conmigo, o con Tomaz, que me dijo "quiero hacer esto contigo y si no, no lo hago"...

-¿Le asusta? -Hombre claro. Ya lo puedo hacer bien porque sino... Es el sueño de cualquiera que se dedique a esto. Es un privilegio, aunque me muera de miedo.

-En "Volver" se estrenó como "chica Almodóvar" y este año repite. ¿Cómo le sentó la noticia? -Me enteré de casualidad. Él me había dicho que ya trabajaríamos más, pero yo creo que todo el mundo lo dice cuando has hecho las cosas bien. Además, con haber hecho "Volver" me daba más que satisfecha. Y una mañana me fui a grabar "Cuéntame" y mientras me estaba maquillando, llegó Pepe Sancho y me contó que Pedro lo había anunciado en rueda de prensa... No me lo creía. Inmediatamente le llamé para darle las gracias.

-¿Alguna vez ha sentido que un personaje le viniera grande? -Sí. Con "La hija del aire" me ocurrió. En el momento en el que leí el texto que decía que era una semidiosa que representaba la ira personificada, pensé: "Qué chiquitita pa"tanto traje". Fue un esfuerzo infinito el que tuve que hacer, un trabajo de pico y pala. Esta obra supuso trabajar con todo lo que un actor tiene física y emocionalmente: la voz, el cuerpo, el alma...

-Abandonó "Siete vidas" para emprender esa obra y tras cuatro años sin parar volvió a la televisión. ¿Cómo ha sido la experiencia de rodar "Cuéntame"? -Muy bonita. Además la responsabilidad era menor porque, por muy mal que lo hubiera hecho, la serie no se hubiera terminado. Y me ha encantado trabajar con Ana, que era lo que más me apetecía de todo el proyecto, más allá de que me parezca la serie de mayor calidad que hay en este momento. Tener un personaje muy conectado con ella me hacía mucha ilusión, y estaba como una niña pequeña.

-¿Le vendrían muchos recuerdos de la época? -Tenía la edad del niño en esos momentos, así que entiendo perfectamente al personajito y cómo evoluciona.

-¿De pequeña era teatrera? -Jugábamos a hacer teatro pero nunca pensé que eso iba a ser a la largo un trabajo. De hecho cuando empecé a estudiar me di cuenta de que lo que estaba haciendo y de alguna manera, era lo que había hecho de niña con mis hermanos. Pero he sido más cuentista que teatrera. En clase contaba siempre que tenía en vela a mis compañeros de colegio con mis historias.

Empezó su trayectoria muy joven, ¿Cómo ha hecho para no tirar la toalla? -Con pasión. Es muy fácil que a mitad del camino te vengas abajo. Lo que me ha mantenido es el amor por lo que hago, la fascinación. Es de lo único que no me he cansado en esta vida. Aunque también es verdad que ha tenido mucha suerte.

-La suerte siempre juega un papel importante. -Es necesaria. Aunque creo más en el esfuerzo que en la suerte, pero evidentemente uno tiene que estar en el andén justo para cuando pase el tren. No puedes irte a casa y decir que ya van a venir, hay que irse a la estación y pasar allí días y noches hasta que llegue el tren. Es duro pero....

-¿Tiene miedo al fracaso? -El fracaso para mí sería tener que ganarme la vida de otra manera. Tengo mucho miedo a que eso pase, por eso intento estar siempre en forma, prepararme lo mejor posible y trabajar poniéndolo todo para que me dejen seguir estando ahí. No temo a que haga un proyecto y me salga mal, ya se que siempre existe la posibilidad de equivocarme.

-¿Y a la fama? ¿Teme los flashes de las cámaras? -Me siento más segura cuando tengo un personaje y hago mi trabajo. Soy bastante vergonzosa, y ser mirada por tanta gente me da un poco de susto. Soy exhibicionista trabajando pero en la vida me corto mucho. Nunca he sido una persona muy de cara a la galería. Prefiero ser reconocida que ser famosa.

-¿Qué queda de aquella época en la que aún no era una cara conocida? -Casi todo. Lo nuevo ahora es que tengo más vergüenza.

-¿...? -Antes podía hacer el ganso por la calle sin que nadie me mirara. Ahora me he creado una cierta desconfianza y falta de naturalidad. Se me olvida constantemente pero la gente se empeña en recordármelo.

-Cuando ahora se mira al espejo, ¿qué ve? -Una persona mayor. Me gusta mirar atrás, pero no volvería. Creo que soy menos estúpida y es verdad que el diablo sabe más por viejo que por diablo. La vida me ha ido enseñando. Estoy en un momento profesional muy bonito que me alienta mucho para seguir. Veo los signos del tiempo que voy aceptando. Ya no soy una niña y eso está bien, soy una mujer, toda una señora que sigue siendo muy niña.

-No ha perdido la ilusión -Ni un ápice. Cada vez que me llaman para decirme que surge algo nuevo o un premio o cualquier cosa reacciono como una niña pequeña.

-¿Qué destacaría de su carácter? -Mi mayor virtud y mi mayor defecto la autoexigencia. Soy exigente hasta la crueldad. No necesito que nadie me presione. Eso es bueno y malo, porque a veces no me paso nada y hay que ser más permisivo con uno mismo.

-Si dispusiera de un fin de semana para usted sola, ¿ a qué lo dedicaría? -Me encerraría en casa. Dormir las horas que quiera, comer lo que me apetezca, trasnochar... Es lo que suelo hacer. Y en cuanto tengo cinco días libres, me voy de viaje.

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