Janine Jansen, violinista

Janine Jansen, violinista

Janine Jansen, violinista

La joven y virtuosa intérprete holandesa Janine Jansen es una de las grandes esperanzas europeas en un mundo -el de los violinistas- con cada vez más peso oriental. A sus 24 años, está enamorada de la música camerística -pero también le gusta escuchar a Sting o el jazz de Chet Baker- y prepara una grabación con Riccardo Chailly y la orquesta Gewandhaus de Leipzig.-Toca en ocasiones con la Orpheus Chamber Orchestra, donde los propios músicos suelen elegir a los intérpretes principales o la forma de desarrollar la pieza. ¿Cómo es el trabajo con tan amplia capacidad de decisión?-Es una orquesta maravillosa, y tocamos sin director. Bueno, no es que tenga nada en contra de los directores -los hay estupendos- pero yo diría que, de alguna manera, los oídos están más abiertos. Hay más contacto, más directo, a la hora de hacer música juntos y se escucha todo muy bien. Poder hacer eso es una oportunidad fabulosa: en los ensayos, todo el mundo tiene la oportunidad de decir lo que piensa, y resulta muy agradable. Es una gran agrupación de músicos y provienen de diferentes orquestas de América. Es un placer tocar con ellos. Es algo ilusionante.- ¿Puede describirlo?-Bueno, sólo comentaré lo que es mi parte del programa, porque no toco en todas las piezas. El "Concierto para violín número 2" de Prokófiev es una obra muy poderosa y característica, con temperamentos muy distintos: hay desde momentos sarcásticos hasta otros impregnados de belleza divina, increíblemente líricos. Otra cosa maravillosa con esta orquesta es que no sólo tienes el habitual ensayo de una hora la víspera del concierto, sino que tienes la oportunidad de conocer juntos la obra a un nivel superior.-Precisamente, este concierto con obras de obras de Prokófiev, Mellits, Beethoven y Ravel fue el que interpretó en Holanda y le supuso un importante premio (la mayor distinción que concede a un músico el Ministerio de Cultura). ¿Es algo especial para usted?-Sí. Fue hace un par de años, y recibí el Dutch Music Award, que supone una especie de seminario que te permite trabajar con diferentes músicos, como Mischa Maisky, Heinrich Schiff, Menahem Pressler…, fue una oportunidad fabulosa de conocer a toda esta gente. Y para ello toqué con la Filarmónica de Rotterdam dirigida por Valeri Guerguiev. Fue uno de los conciertos más especiales de mi vida. Es un gran músico y una verdadera fuente de inspiración para mí. Aprendí mucho con él.Flexibilidad de sonido-Hablemos de grabaciones. Tras el primer cedé, abordó en el segundo "Las cuatro estaciones", en un formato camerístico. ¿Por qué eligió esta obra y ese tipo de agrupación?-Realmente, hace un par de años empecé a tocar conciertos de violín de Bach y de Vivaldi con una formación pequeña de cinco músicos de cuerda y clave. Me gusta mucho este tipo de agrupación, porque aporta mucha flexibilidad en sonido y tempo. Es muy transparente, especialmente para "Las cuatro estaciones" de Vivaldi. Es fabuloso contar con esa libertad. Fue un experimento, y nos quedamos tan contentos que era lo que queríamos hacer cuando me planteé qué era lo próximo que iba a grabar. Aunque se trata de unas de las piezas más registradas de la historia, me sentí muy a gusto haciéndola así. Adoro la música de cámara, lo que creo que explica mi aproximación musical.-Jan Jansen, su padre, toca en ese disco el órgano y el clave. ¿Qué importancia tiene su familia en su carrera?-Todos son músicos, y he tocado mucho repertorio con mi padre, además de recibir un gran apoyo por parte de ellos. A la hora de formar un grupo para grabar el disco me pareció que elegir a mi padre era lo más natural: fue la primera persona en que pensé. No busqué enfocar el proyecto en ese sentido, pero al final toca mi padre, mi hermano Maarten e incluso mi novio, Julian Rachlin, que pese a ser violinista toca la viola en la grabación. El resto son personas muy próximas y resultamos un grupo muy unido.-Emplea un Stradivarius "Barrere" de 1727. ¿Cómo lo consiguió?-Estuve buscando un instrumento así y patrocinadores, porque resulta muy difícil poder comprártelo. De hecho, es imposible, ja, ja. Y estuve mirando en Chicago, en una tienda, y lo encontré. El patrocinador que lo compró es una fundación holandesa llamada Elise Mathilde, muy interesada en la música, y le estoy profundamente agradecida. Llevo con este instrumento más de cinco años y medio y estoy enamorada de él y de su rico sonido.