Soraya, cantante

Soraya, cantante

Soraya, cantante

Soraya Arnelas Rubiales, Valencia de Alcántara, Cáceres, 13 de septiembre de 1982. Su biografía tiene saltos estratosféricos: dejó su pueblo de Cáceres para recorrer el mundo como azafata y después abandonó los aviones para subirse a los escenarios. Sin embargo, a pesar de sus vaivenes profesionales, Soraya nunca ha dejado de tener los pies en el suelo. Pasen y veanSoraya, la "triunfita" de la última edición que más éxito ha tenido y que más pasiones ha levantado, pertenece a la categoría de "personas normales". La ex azafata es uno de los pocos casos en que el éxito no ha podido sepultar la espontaneidad.-Dice usted que, antes de OT, nunca le había dado por cantar. ¡Sabría que lo hacía bien, al menos!-Sabía que tenía voz, pero no como para llegar a ser profesional.-A lo mejor tiene otros talentos ocultos. ¿Por qué no prueba a escribir un libro o algo?-Pues sí, estoy abierta a todas las experiencias de la vida, ja, ja.-¿Cree en el destino?-Sí, soy una mujer de corazonadas, por eso me presenté.-¿Otras corazonadas también le han funcionado?-Me viene de toda la vida. No me paso el día pensando, dejo que el cuerpo me diga qué hacer.-¿Y qué le manda hacer este veranito?-Trabajar mucho. Me he hecho la promesa de no tener vacaciones hasta que pasen tres años. Si todo sigue así, merece la pena.-Le van a dar la medalla al trabajo.-Sí, sí, soy una mujer trabajadora, ja, ja…-¿Le resultaba más duro viajar cuando era azafata o ahora?-Antes, sin duda, porque no estaba del todo a gusto. Tenía un trabajo muy duro, que obligaba a lidiar con mucha gente muy maleducada. Y por eso no paso.-Eso sí, en su trabajo anterior le resultaría más fácil hacer turismo por las ciudades que visitaba.-Sí, ahora no salgo del hotel. Me conozco todos los hoteles de España.-¿Algún truquillo para matar el miedo a volar?-No hay que pensar en el artefacto, en el avión, sino en que es uno de los transportes más seguros. Se mueven millones de aviones y normalmente no pasa nada.-Oiga, ¿dónde hay más desmadre, en el mundo de las tripulaciones aéreas o en el de la canción?-Se lo digo ya: en el de las tripulaciones. ¡Ahí sí que hay desmadre!-Bueno, usted está ennoviada, así que ya no tendrá un novio en cada aeropuerto.-Nunca los tuve. Conoces a chicos que están bien, guapetones, que te ponen la miel en los labios, y tienes que controlar. Tú sabes lo que tienes en tu casa y todo depende de ti y de tu fuerza.-¿Echa de menos el anonimato?-Para nada. Ya en el pueblo era una niña que participaba en todo: la radio, el teatro… Nunca he pasado desapercibida. No me molesta que la gente me pare, porque ése es el afecto más directo que puedo tener.-¿La fama cuesta? ¿Qué precio ha pagado usted, aparte del sudor?-Gracias a Dios, ninguno. Yo he ganado muchas cosas. La buena fama siempre está bien.-Venga, venga, cuéntenos algo malo del éxito.-Algún artista me ha decepcionado. En la tele todos hacemos el papel pero, por detrás, algunos cambian. A mí siempre me verás igual en televisión que en mi vida.-Mmmmm… ¿Algún nombre?-Bueno, hay una de una familia de artistas bastante conocida en España que se reconocerá si lee esto. Pero el 90% es buena gente cuando se le va de buenas.-¿Tiene pesadillas con la Academia, aquel examen continuo?-Qué va: allí vivíamos como reyes, no nos preocupábamos por el dinero ni por nada, teníamos a los mejores profesionales… La mayor inquietud era desafinar. Fue como un campamento de verano.-¿Ha tenido miedo de convertirse en juguete roto?-La torta nos la podemos dar todos, los que salimos de "Operación Triunfo" y los que llevan muchos años y se les pasa el arroz. Es el precio de la fama, los mismos que te suben te dejan caer. Pero la clave está en el trabajo personal y, en ese sentido, que me llamen "triunfita" es un orgullo para mí.-¿Y si todo acaba?-Trabajaría en otra cosita.