
La colección mezcla "el glamour" de St. Motriz "de antaño", los paseos "dulces e invernales" por Aspen, los años noventa y el siglo XVIII, "dando como resultado final un sueño ultramoderno y contemporáneo". Los diseñadores defendieron que "para crear moda hay que soñar", y que para soñar hay que estar lleno de sensaciones e imágenes rescatadas del pasado para transformarlas "con la imaginación" en "algo rabiosamente vanguardista".