2008-04-01 12:37:51 Por: Redacción

Crisis de pareja

Un terapeuta no trata de ser un árbitro ni convencer, sino de reflexionar con ellos

Crisis de pareja

Crisis de pareja

Mar y Carlos llevan cuatro años casados. Cuando su hijo tenía 10 meses, sufrieron la primera crisis importante, de la que salieron "como pudimos". Cuando llegó el verano, los gritos y los reproches volvieron. Tocaron fondo y Mar propuso ir a una psicoterapia (el 80% de las veces es a iniciativa de la mujer). Al principio, su marido no entendía cómo podía ayudarles un extraño, pero acabó accediendo: "Ella nunca me dejaba actuar con el niño, siempre me corregía y cuando salíamos solos no disfrutábamos". Año y medio después, aprendieron a comunicarse de otra manera. "Tuvimos que cambiar inercias –dice Carlos-, pero de cada sesión salíamos con algo a lo que agarrarnos".La pareja es cosa de dos, pero en ocasiones necesita de un tercero neutral que haga de espejo. Un terapeuta no trata de ser un árbitro ni convencer. Según Luciano Sánchez, psiquiatra psicoanalista especialista en terapia de pareja, "mi función no es aconsejar ni dar la razón a uno frente al otro, sino ser equitativo, tratar de conocerles y reflexionar con ellos". Algunos profesionales plantean deberes para hacer en casa pero otros, como la psicoanalista Isabel Cerdán, prefieren que el trabajo se haga durante los 50 minutos que dura la sesión: "La terapia es un de campo de pruebas donde se vivencian formas distintas de estar junto al otro, sin repetir compulsivamente lo que se hace en el hogar.Cuando la pareja acude a consulta suelen buscar la hegemonía sobre el otro, imponerse. En apariencia siempre es uno el que empuja, pero una vez iniciada la terapia pueden modificarse los roles asumidos con anterioridad. Se sabe cómo empieza, pero nunca cómo se va a acabar". Las circunstancias que llevan a las parejas a una consulta suelen repetirse: los hijos crecen y ellos se quedan solos, desaparece la pasión y cada uno hace su vida, entra un tercero, la pérdida del trabajo, un nuevo hijo, la enfermedad o la muerte de un miembro importante de la familia… "Los objetivos de la pareja al ir a terapia suelen ser estar mejor juntos y no perder lo que han construido –explica Isabel Cerdán–. En un principio, parece que los dos quieren lo mismo, pero es importante que a través de la escucha, así como de las preguntas y las interpretaciones del terapeuta, el uno pueda escuchar al otro y escucharse a sí mismo para poder decir lo que piensan realmente, lo que quieren de verdad, que a veces puede ser la separación".Durante la terapia, la pareja llega a decirse cosas terribles, como si quisieran destruirse, por eso es importante que el especialista cumpla una labor de contención, señalando las cosas buenas que siguen gustando del otro y no sólo centrándose en lo que irrita. A veces el motivo de los "enganches" es superficial y la pareja discute constantemente por las tareas del hogar, el dinero o la suegra. Según Luciano Sánchez, son sólo pretextos: "Cuando una pareja no funciona es, sobre todo, por sus propios conflictos individuales. Si no los tuvieran, no se "engancharían" con las discusiones triviales y podrían relativizarlas con humor. La auténtica dificultad nace en el motivo que nos lleva a elegir a esa pareja. La mujer que no se sintió escuchada en su familia busca a un hombre que (ella piensa) la va a escuchar, y el que se siente feo, elige a la chica que le dice guapo. Pero, ¿qué ocurre cuando deja de decirlo? La valoración de cada uno de nosotros ha de generarse en uno mismo".El objetivo es sufrir menos y amarse mejor. "Llegar al matrimonio con ilusiones es necesario, pero cuando se ponen los pies en tierra hay que aceptar las limitaciones (propias, del otro y de la relación), siendo consciente de que en la pareja surgen otras realidades inesperadas que merecen la pena y son más gratificantes porque son más reales –explica Luciano Sánchez–. Hay que tomar nota de lo que le hace daño al otro y ser capaz de decir lo que necesitamos con amor y sin rencores. El amor sano no es el que lo da todo, sino el que da con placer dentro de un intercambio". Isabel Cerdán también defiende la necesidad de las pequeñas diferencias: "No puede haber vida con ausencia de conflicto, pero las peleas donde se defienden posiciones de todo o nada conducen a situaciones irresolubles. Sentir y pensar al unísono es una idealización, sólo existe el amor cuando hay dos diferentes".

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