El encanto del tímido

El encanto del tímido

El encanto del tímido

Te has sentido alguna vez con ganas de salir corriendo por no saber cómo enfrentar una situación? ¿Te atraen los hombres tímidos, aunque tú no lo seas?Hay grados de timidez que, en realidad, constituyen una defensa psicológica que nos ayuda a ser prudentes ante situaciones desconocidas. Pero cuando provoca una fuerte inhibición en las relaciones sociales, alejándonos de las personas o las situaciones que nos interesan, estamos ante una patología que hace sufrir mucho a quienes la padecen.LA IDENTIDAD SEXUALEl tímido tiene miedo a qué dirá el otro, sin darse cuenta de que el verdadero peligro lo tiene dentro de sí. Teme quedar mal y siente a los demás como críticos implacables que van a descubrir sus fallos. La mirada que el tímido pone sobre los otros es una proyección de la que él tiene sobre sí mismo. ¿De dónde procede esa mirada?Los orígenes de la timidez se remontan a los primeros años de la vida. En esa época dependemos de otras personas, que suelen ser nuestros progenitores. El "yo" se va diferenciando de los que nos rodean y va aceptando sus propios límites a lo largo de un lento proceso, en el que el individuo interioriza una forma de verse que tiene relación con la forma en que le miraron sus padres.Si quienes nos educaron nos exigieron más de lo conveniente o, por el contrario, no esperaron nada de nosotros porque les habíamos decepcionado de antemano, tenemos muchas posibilidades de sufrir algún grado de timidez. La buena noticia es que podemos resolverla si elaboramos esa mirada que, aunque provenía de los otros, la hemos incorporado como si fuera nuestra.El tímido se oculta, pues le da miedo mostrarse demasiado, y con esa actitud provoca a veces la atracción de los otros, a quienes les gusta esa aparente humildad y ese velo de misterio que proyecta sobre sí mismo.Este velo oculta con frecuencia dificultades para aceptar una identidad sexual firme. En la adolescencia es donde la timidez puede alcanzar un mayor grado, precisamente porque las inseguridades propias, que corresponden a saber comportarse como un hombre o como una mujer, hacen temer al otro sexo.