2006-01-18 11:11:37 Por: Redacción

La fuerza de la ternura

El cariño que se da, el que se recibe

La fuerza de la ternura

La fuerza de la ternura

"¡Qué tierna es!", pensaba Lucía mientras miraba a su hija recién nacida. ¿Cómo era posible que esa mano tan diminuta se agarrara a su dedo con tanta fuerza? Quizá la ternura fuera precisamente eso: una fuerza que parte de la fragilidad.Nunca había sentido tanto bienestar emocional. Observaba que las personas que no sabían acercarse a su bebé eran por lo general duras y poco tiernas. Tampoco a ella le gustaba que esa gente se acercara a la niña. Comenzó a repasar su historia y le vino a la cabeza el recuerdo de su padre, que ya había muerto y que no conocería a su nieta.Había sido un hombre brusco. Al final de su vida, enfermo y débil, se acercó un día a Lucía y, recorriendo su mejilla, le dijo: "Hija, pero qué linda eres". Lucía se quedó paralizada y le entraron ganas de llorar, porque jamás había recibido un gesto tierno de él. ¿Por qué había esperado a sentirse débil para ser tierno?La carencia de ese sentimiento, que había echado de menos en su padre, provocó que Lucía buscara esa cualidad en otro hombre y por eso encontró a Jorge, un hombre tierno y delicado que, por esta misma razón, era fuerte y protector.Dificultad para expresar cariño¿De dónde viene la ternura? ¿Qué tipo de sentimiento es? ¿Por qué la despierta un bebé? ¿Tienen los hombre más dificultades para expresarla? ¿Por qué?La ternura es una manifestación muy delicada que, como el amor, necesita una maduración psicológica apropiada. No se trata de un afecto que tienda a poseer al otro, sino a contenerlo, como hace la madre con el hijo, y a respetar su singularidad.Según Freud, su origen se encuentra en la primera relación de la madre con el niño. Partiendo del análisis de hombres que son incapaces de desear a la mujer que aman, porque la asocian a la madre (a la que idealizan), así como de amar a la que desean (la prostituta), Freud propuso que hay una corriente sensual y otra tierna que en principio están unidas.Ambas se separan porque el niño desvía muy pronto el placer erótico a metas diferentes, lo que provoca un aumento de la corriente tierna dirigida hacia la madre.Amar y desear a la vezCuando aparecen los primeros amores, si se han resuelto las tendencias edípicas, o sea, si el padre y la madre no permanecen en la fantasía como los únicos que satisfacen nuestras necesidades, la corriente sensual y tierna se unirán y se dirigirán hacia una misma persona. El encuentro amoroso será un éxito.En caso contrario, se disocian y la ternura se pone en una mujer que cae en el registro de la madre, a la que no se desea, y el sexo se pone en otra, la prostituta, que sí provoca la excitación.Las mujeres también pueden disociar la corriente tierna de la sexual, pero no necesitan degradar al objeto sexual para sentirse atraídas por él. Sin embargo, padecen otros síntomas, como la frigidez, donde la mujer no puede gozar con quien ama.La ternura nos hace fuertes, porque sólo se atreve a ser tierno el que no tiene miedo a la debilidad ajena ni a la propia.Las claves: aliados y enemigos de la ternuraLa capacidad de disfrutar del placer que provoca la ternura aumenta o disminuye en función de algunas actitudes.SUS ALIADOS SON:* La capacidad para recibir y para dar: Para dar hay que saber recibir; se recibe lo que no se tiene, reconociendo en el otro la posibilidad de darnos algo. De esta forma, podemos dar al otro sin prepotencia, porque sabemos que nosotros también necesitamos afecto. Sólo desde el conocimiento de nuestras limitaciones podemos comunicarnos verdaderamente con el otro.* El conocimiento personal: Si no nos engañamos y sabemos discriminar con claridad quiénes somos, podremos respetar lo que queremos y lo que quiere el otro. El respeto a uno mismo pasa por la posibilidad de ser tiernos y comprensivos con nuestros fallos y nuestras limitaciones.SUS ENEMIGOS SON:* La anestesia emocional: Las dificultades para hacerse cargo de algunos sentimientos propios, que nos parecen censurables y que no nos atrevemos a sentir ni a reconocer por el conflicto que nos crean, pueden llevar a una persona a reprimir todo tipo de afecto e intelectualizar y razonar toda relación con el otro. Inhibe así los afectos, especialmente aquellos que le hacen sentirse débil, lo que le inhabilita para la ternura, aunque sea capaz de referirse teóricamente a ella.* El estrés: La prisa es adversaria de la ternura y del amor. Para tener en cuenta al otro hace falta tiempo, igual que para dedicarle una caricia. No se puede amar a destajo.

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