2007-01-04 09:40:20 Por: Redacción

¿Qué imagen tenemos de nuestro cuerpo?

Cómo somos y cómo nos vemos

¿Qué imagen tenemos de nuestro cuerpo?

¿Qué imagen tenemos de nuestro cuerpo?

Hay una distinción que el psicoanálisis hace entre la imagen y el esquema corporal. El esquema es el soporte de lo que llamamos imagen del cuerpo. La imagen imprime su cualidad a la relación con los otros que, desde los orígenes, es de carácter libidinal. ¿Qué quiere decir esto? Las palabras que recibimos y las que podemos transmitir expresan los afectos y contienen todas las experiencias emocionales que atesoramos en nuestra imagen corporal.La imagen del cuerpo es la memoria inconsciente de todo lo vivido; representa al sujeto deseante que existe en cada uno de nosotros y recoge todo nuestro pasado libidinal y comunicacional. ¿De qué manera? El cuerpo deseante se va formando desde la concepción y es el resultado no sólo de la experiencia perceptivo-motriz sino, también, de nuestra sensibilidad erógena.Desde los inicios de la vida, la libido o energía sexual está diversificada en una serie de fuentes de excitación: la boca, el ano, los órganos genitales... A lo largo de nuestra vida, atravesamos distintas fases del desarrollo psicosexual en las que predomina una u otra de estas zonas erógenas.Éstas son los puntos privilegiados de intercambio con el ambiente y, al mismo tiempo, reciben la máxima atención y cuidados de la madre por lo que son naturalmente estimuladas y excitadas.Puntos de estimulaciónTodo el cuerpo tiene la propiedad de convertirse en erógeno, desde el conjunto de la piel hasta las mucosas, incluidos los órganos internos. En este recorrido y al calor de la relación con la madre, cada niño vivirá su cuerpo de una manera singular, según su propia historia evolutiva, compuesta por experiencias que habrán sido más o menos satisfactorias o frustrantes.Así irá formando una imagen propia de su cuerpo erógeno, que es siempre inconsciente. Esta imagen se va conquistando progresivamente con el fin de lograr una unidad y poder dominar el cuerpo como un todo, que siempre conservará una dimensión imaginaria o fantaseada.

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