Trabajar en la industria del sexo: un mercado demasiado amplio

El mercado del sexo existe en todos lados y con una gran variedad

El mercado del sexo existe en México, Estados Unidos al igual que en toda Europa, este término incluye burdeles o casas de citas, clubes swingers, ciertos bares, cervecerías, discotecas, cabarets y salones de cóctel, líneas telefónicas eróticas, sexo virtual por Internet, sex shops con cabinas privadas, muchas casas de masaje, de relax, del desarrollo del ‘bienestar físico’ y de sauna, servicios de acompañantes (call girls), unas agencias matrimoniales, muchos hoteles, pensiones y pisos, anuncios comerciales y semi-comerciales en periódicos y revistas y en formas pequeñas para pegar o dejar (como tarjetas), cines y revistas pornográficos, películas y videos en alquiler, restaurantes eróticos, servicios de dominación o sumisión (sadomasoquismo) y prostitución callejera: una proliferación inmensa de posibles maneras de pagar una experiencia sexual o sensual, en resumen es enorme.

Está claro entonces que lo que existe no es ‘la prostitución’ sino un montón de distintos trabajos sexuales. La palabra prostitución puede impedirnos el entendimiento de que hay un mercado del sexo, distraernos de la demanda — es decir, los deseos diversos de los que buscan servicios sexuales.

Hace unos años, un artículo en El Mundo se tituló “Un millón de hombres al día va de prostitutas”; hablaba sólo de España (Hernández Velasco 1996). Esa cifra seguramente no pretendía incluir todas las formas mencionadas arriba dentro de la industria sexual. Aunque nadie puede saber nunca las cifras totales y correctas, es un número impresionante.

Hay que tener en cuenta también que no serán los mismos que van todos los días: habrá los que van una vez a la semana y otros más o menos, con una suma mucho más grande de personas al año que buscan servicios sexuales en España. Y buscan servicios diferentes, porque son ellos personas de todo tipo, edad, nivel económico, etnia, región y gusto. Migrantes son clientes, también.

Hay clientes que son homosexuales, travestis, transexuales y mujeres, también. Se dan entonces bastantes y diversas oportunidades para trabajar en esta industria.  En este caso lo que le importa muchas veces no es dejar la industria sino cambiar por otra situación dentro de la misma.

Si revisamos la descripción de lo que constituye la industria, encontramos posibles trabajos como telefonista, en el que ni siquiera se ve al cliente. O como bailarín o bailarina de striptease, que en muchos lugares significa moverse desnudo y nada más. Incluso si hablamos de ‘sexo completo’, no es lo mismo actuarlo para una película pornográfica que hacerlo en un burdel (o, por ejemplo, con clientes de sexólogos).

Evidentemente, son trabajos distintos, desempeñados unos en bares, otros en casas, oficinas o consultorios. En unos el trabajador controla más la situación y la jornada; en otros carece de control. Unos son bien pagados, otros no. Algunos servicios parecen fáciles a ciertas personas, mientras a otras difíciles. El jefe o dueño del sitio puede ser el elemento más significativo en unos puestos.

En fin, todo depende de la situación específica. Ya iremos platicando con ustedes a través de diversos artículos hasta dónde llega esta industria.