2006-03-15 10:24:14 Por: Redacción

La Mancha

Desde el Toboso a Criptana

La Mancha

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Seguramente, este es el recorrido más literario de cuantos son posibles en este país. Tal es la influencia que dejó en estas tierras Don Quijote, la inmortal obra de don Miguel de Cervantes, que se sigue sintiendo en varias de las localidades que atraviesa la ruta.El recorrido pasa por Argamasilla de Alba, donde Miguel de Cervantes comenzó a escribir su libro de caballerías y, según la tradición, el misterioso lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiso acordarse; en El Toboso, donde conoció y se enamoró de la bella Dulcinea; o en Campo de Criptana, contra cuyos molinos el escuálido hidalgo libró el más genuino y divertido de sus combates, y donde también cosechó una de sus contadísimas victorias, frente al pobre, asustado e incrédulo vizcaíno.La ruta contempla uno de los paisajes más monocromáticos, desnudos y, sin embargo, más cautivadores de la Península Ibérica: La Mancha, esa infinita llanura que hierve en verano y se hiela en invierno.Quizá sea por culpa de sus gigantescas dimensiones, por lo que el manchego es, ante todo, un paisano hospitalario. Ésta ha sido, y desde siempre, tierra de paso, un inmenso cruce de caminos, como lo demuestran las numerosísimas ventas y posadas que han logrado sobrevivir hasta nuestros días.Seguro que son éstas, y sus peculiares patios de tierra, lo más característico de La Mancha cervantina. Las ventas y los molinos blancos, con sus cuatro aspas al viento, muchos del siglo XVI, algunos con la maquinaria original intacta y en funcionamiento, y otros pocos, habilitados como salas de exposiciones y museos.La ruta comienza en Consuegra, en la provincia de Toledo, y termina en Belmonte, en la provincia de Cuenca, dos de los pueblos más bellos de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha.Luego sigue, por Madridejos y Puerto Lápice, hasta Argamasilla de Alba, allí donde comienza el relato de las peripecias y aventuras de Don Quijote.No está de más almorzar aquí y llegar con las últimas luces del día a Alcázar de San Juan, donde pasar la noche. El resto del viaje, menos cargado de visitas, bien puede realizarse a lo largo y ancho de una soleada jornada.

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