2007-08-14 17:08:54 Por: Redacción

Santuario de la belleza

El monasterio de Guadalupe, una joya peregrina

Santuario de la belleza

Santuario de la belleza

México oculta entre los tópicos un santuario de extrema belleza, tierra santa no sólo apta para peregrinos, aunque se cuentan por millones los que visitan una de las más bellas imágenes religiosas del mundo, la Virgen de Guadalupe o "Morenita de Tepeyac", la hoy patrona de las Américas. No en vano, la basílica de Guadalupe fue el santuario católico más visitado del mundo durante 2006, acogiendo la visita de más de 14 millones de peregrinos y superando a la basílica de San Pedro o los santuarios de Lourdes y Fátima.La entrada a la basílica puede hacerse a través de una gran avenida, una puerta poco ceremoniosa que los peregrinos convierten en una sobrecogedora imagen de éxtasis espiritual. A cualquier hora del día o de la noche, centenares de hombres, mujeres e incluso niños recorren varios centenares de metros de rodillas, cuesta arriba.La promesa de los peregrinos por la curación de un familiar o el pago de un favor no es otro que el de asistir a la misa que se celebra en la basílica nueva. La original, ubicada a escasos metros, se encuentra en estado de ruina tras el paso de los años y los sucesivos terremotos. Una vez curados sus pecados, el peregrino eleva su emoción al clímax al prepararse para acudir al encuentro de la Virgen de Guadalupe.El lienzo original se encuentra a cinco metros del suelo, bajo un ventanal que recibe los rayos del sol, que aportan a la escena un halo de misticismo. No son pocos los que, a ambos lados de la pasarela mecánica caen al suelo, presos de una sensación inenarrable, mezcla de éxtasis y dolor, de profunda devoción y orgullo por el sacrificio realizado.Sea como fuere, lo cierto es que una visita al santuario de Guadalupe comporta una sinfonía de sentimientos encontrados, que van desde el recogimiento al fanatismo, así como una panoplia de anécdotas que demuestran que, como pocos lugares en el mundo, el recinto de Guadalupe es un universo propio.Una gran estatua de bronce de Juan Pablo II, el Papa enamorado de la Virgen de Guadalupe,s e encuentra en la confluencia de la antigua basílica y el nuevo templo, construido con motivo de la visita que el Santo Padre realizara en los años ochenta a México. Hasta allí llegan, una vez visitada la imagen, y antes de recobrar fuerzas en los restaurantes anexos al complejo mariano, los esforzados peregrinos de Guadalupe.Tomando un poco de distancia, desde una de las esquinas del santuario, el viajero no puede evitar un sentimiento de admiración a la voluntad de miles de personas que, movidos por esa fe que mueve montañas, llegan desde todos los rincones del mundo para demostrar su devoción a la serena imagen de la Virgen de mirada serena.

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