Chicas malas

Chicas malas

Las mujeres jóvenes y famosas que han sido víctimas de las drogas son habituales en las revistas. Modelos, como Kate Moss, o cantantes, como Amy Winehouse, desfilan cada día por la prensa. ¿Qué es lo que interesa de estas catástrofes psicológicas? ¿Producen atracción las chicas "malas"? Posiblemente, las dificultades de estas chicas poseen el atractivo de mostrar lo incontrolable del deseo y de la sexualidad. La lectura de sus dramas suele ir acompañada de la fantasía que se tiene acerca de ellas y que consiste en creer que se lo pasan "demasiado bien", en parte porque son transgresoras y no se adaptan a lo normalmente aceptado. Tienen una vida intensa en emociones, de vértigo. Por eso, a veces, se hunden. O se recuperan para recaer de nuevo.Todas estas historias, con frecuencia desgraciadas, permiten una identificación (no siempre consciente) que da satisfacción a ideas que permanecen en la oscuridad de nuestro psiquismo. Comprobar, por ejemplo, que el dinero y la fama no ponen a una persona a salvo de todo, resulta tranquilizador. Rebaja la envidia y nos une con el otro al convertirlo en un ser humano con conflictos. La desgracia, al menos, es democrática. Las fantasías acerca de este tipo de mujeres desplazan las fronteras de la imaginación y hacen explotar las normas. Las mujeres, excepto algunas que han roto las reglas, han estado constreñidas durante siglos. Las jóvenes actuales pueden sentirse interesadas en mayor medida por estos casos porque en ellos se materializan fantasías inconfesables.Sus heroínas se atreven a ser malas, aunque luego, por regla general, lo tienen que pagar, ya sea en su trabajo o en su vida amorosa. Cuando lo purgan, se produce el alivio al constatar que nosotras sí hemos dominado las pulsiones destructivas.Esther se quedó dormida en el salón de su casa. Era muy tarde y su pareja aún no había llegado de viaje. Soñó que se paseaba por una pasarela envuelta en un vestido de gasa rojo. Un hombre se acercó y se la llevó volando. Ella vio cómo se quedaba tirada en la pasarela y, a la vez, como si se desdoblara, que volaba en brazos de su raptor, mientras sus labios aumentaban de tamaño y su pelo cambiaba de color para convertirse en rubia. En ese momento, se abrazó al hombre. Se despertó con una profunda sensación de bienestar y comenzó a pensar en el sueño. Poco antes de dormirse había estado hojeando una revista de moda en la que aparecía la modelo británica Kate Moss. De repente, se dio cuenta de que aquellos labios gruesos y la melena rubia tenían que ver con ella. ¿Querría ser como esa modelo?Esther, sin salir de su asombro, se echó a reír, la modelo que ha salpicado últimamente las páginas de los periódicos por sus fiestas desenfrenadas, no se parecía en nada a ella, ni en el físico ni en el temperamento. Esther tenía 27 años y estaba pasando una mala época. Apenas se comunicaba con su marido, que se pasaba el día trabajando. Cuando estaba con él, se aburría. Le gustaba un compañero de trabajo con el que fantaseaba, pero no se atrevía a preguntarse si quería separarse.Recordó cómo, antes de dormirse, había pensado que le gustaría ser "mala" y acercarse a ese chico. El deseo que aparecía en el sueño trataba de decirle que quería un cambio. Si fuera como esa modelo, disfrutaría de la vida, se lo pasaría bien y podría seducir a su amor secreto, que la haría más caso que su pareja. Quería despedirse de una Esther aburrida y triste y convertirse en otra seductora y valiente, que pudiera volar hacia la independencia. Las dificultades de la modelo con la que soñó fueron superadas. Se rehabilitó e incluso aumentaron sus ingresos haciendo el mismo trabajo. Esther interpretaba que la habían premiado. Quizá no la castigaban demasiado para las trasgresiones que había convertido.

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