Corazón roto

Corazón roto

La adolescencia es la edad del amor. Se vive intensamente y, cuando se rompe, deja al joven herido. Pero, ¿cómo pasan estos chicos de la alegría de vivir el nacimiento de la pasión a sentirse abandonados? El amor en la adolescencia tiene un doble movimiento; es la relación con otro, pero también con uno mismo. El encuentro con otra persona va acompañado de la renuncia a ser un niño: se pasa a ser el que es querido por otro, que cree en uno como un adulto. Después viene la decepción. Entre los principales conflictos de la primera ruptura figura el que el amado sea bastante mayor, algo que señala la preferencia de la adolescente hacia alguien que pueda asociar a un padre.Una chica a la que llamaremos Paula escribía: "A los 13 años conocí a un chico que me doblaba en edad. Surgió nuestro primer beso; para mí, el primero. Luego me sentí agobiada y le hice mucho daño. Él, tras ir al psicólogo, decidió cortar el contacto. Yo caí en una depresión pero no me dejé ayudar. Sigo sintiendo algo, pero él no cede. Sé que me quiere con locura. Ahora tengo 16 años y me pregunto: ¿cómo puedo saber cuándo acaba la dependencia?". Esta interrogación era muy acertada por parte de Paula. A los 13 años no es raro enamorarse platónicamente de un chico mayor. Funciona más como una figura paterna, que protege y sabe lo que hay que hacer, que como un igual con temores e inquietudes similares. María se identificaba con Paula: "Tengo 14 años y hace poco, en la revista, se expuso una de mis dudas Me gustaban los hombres mayores.Con el tiempo, he aprendido a enamorarme de chicos. Hace cuatro meses empecé sentir algo por uno. Un día, quedamos para hacer algo, pero al final me dio vergüenza y sólo vimos una película en su casa. No quiso volver a quedar. Todo me recuerda a él, pero con un toque amargo porque no me corresponde. Estoy agotada de buscar soluciones". Que a María le gusten los hombres mayores y, por tanto, imposibles, es una forma de evitar los acercamientos posibles con chicos de su edad, que al principio siempre producen inquietud. Cuando logra que le guste un chico de su edad, él tiene dificultades y, al igual que ella, no quiere definirse. Aparece la decepción, que, como en el caso de María, se puede tomar de forma dramática y bastante excesiva.Una decepción amorosa es un desgarro del que el adolescente suele salir fortalecido, aunque también puede aumentar su fragilidad y su dificultad para comprometerse. Las chicas dominan el juego y lo saben. Pero eso no implica que sea más fácil para ellas, que lo sienten como algo que pone a prueba su feminidad. Los chicos nunca saben si están yendo demasiado deprisa, demasiado lejos o demasiado pronto, o si se la están jugando.

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