¿De verdad existe el hombre ideal?

¿De verdad existe el hombre ideal?

Para encontrarlo, primero debes saber qué es lo que buscas y si se adapta a tus necesidades.Casi todo el mundo se ha preguntado en alguna ocasión quién sería su hombre o mujer ideal, aquella persona que se adapte plenamente a nosotros. Queremos creer que existe y que sin duda lo encontraremos, aunque para quienes han fracasado una y otra vez se trata de una fantasía de ilusos.En el fondo, nosotros creemos que existe. Pero conviene matizar: llamamos "ideal" a ese hombre que mejor se adapta a nuestras características psicológicas, expectativas y proyecto vital. Pero no debe ser una persona demasiado idealizada, sino amada en su dimensión de ser humano y, por tanto, con carencias y defectos, al igual que nosotras.Idealizar demasiado a alguien impide encontrar a la pareja con la que podríamos llevar una vida satisfactoria, creativa y feliz. La encontraremos si somos capaces de no exigirle que se adecue a idealizaciones imposibles.Saber reconocer a la parejaLa elección de una pareja no es accidental; está determinada por la actitud que tenemos hacia nosotros mismos.Aunque los impulsos que se ponen en marcha en una elección amorosa son, en gran medida, inconscientes y, por tanto, poco controlables, es cierto que muchas veces, para reconocer a la pareja adecuada, basta con escucharnos.Nuestros sentimientos tendrán menos posibilidades de equivocarse en esta elección tan importante si previamente hemos construido una identidad sin demasiados conflictos.Será difícil que nos encontremos bien con alguien si no lo estamos con nosotros mismos, porque para ser queridos es preciso aprender previamente a aceptarse con las limitaciones propias. Para no llevarse a engaño, conviene saber asimismo qué deseos puede cubrir nuestra pareja y cuáles no. Aprender a conocerseLaura se lleva muy bien con su pareja. Una amiga que siempre se está quejando de su marido le dice que tiene mucha suerte porque ha encontrado al hombre ideal. Laura le responde que ha tenido problemas y que no todo es cuestión de suerte, que tuvo que trabajar psicológicamente algunas cuestiones muy importantes para llegar a estar tan bien como se encuentra ahora con su marido."Mi primer matrimonio añade acabó en divorcio y después me enamoré locamente de un hombre con el que me casé. Cuando llevábamos cinco años juntos, todo comenzó a deteriorarse. No lo soportaba porque sentía que me controlaba y me agobiaba. Entonces caí en una depresión y comencé una psicoterapia"."Allí descubrí algo: el motivo por el que me había enamorado de mi segundo marido era el mismo por el que después no lo podía soportar. Era un hombre protector, lo que me gustaba porque siempre me había sentido muy desamparada"."A raíz de la muerte de mi madre este sentimiento se acrecentó y, lejos de reconocer lo que yo necesitaba de mi marido, que era precisamente que me cuidara, empecé a sentir sus atenciones como un agobio"."Esta característica suya me ponía nerviosa porque yo no quería reconocer mi deseo de que me mimara, ya que, de alguna manera, ese deseo también mostraba las carencias que había tenido con mi madre. Cuando pude aceptar las dificultades de ella para cuidarme y reconocí mi deseo de ser protegida por él, me pareció que estaba con el hombre ideal, con el más adecuado para mí"."Desconocía lo que yo misma deseaba y la psicoterapia me sirvió para comprenderme mejor, lo que me liberó de síntomas que me hacían sufrir. Encontré al hombre de mi vida, lo tenía a mi lado", enfatiza Laura.En definitiva, nuestro hombre ideal es aquél que más se adecua a nuestras necesidades afectivas, pero primero hay que saber reconocerlas. Las clavesQuieres saber si dentro de tu entorno se encuentra tu hombre ideal? Es muy probable que así sea, por esa razón, primero comprueba si se dan las cinco condiciones siguientes.VALORACIÓN. Sientes que tienes en su vida un lugar único y especial porque te valora como mujer.RESPETO. No te coarta en tus proyectos personales ni profesionales. Es más, los estimula porque no tiene miedo a tu independencia. Es un hombre atento a tus cambios y que te apoya en las dificultades.SOLIDARIDAD. Compruebas cómo comparte activamente el trabajo de educar a los hijos y te ayuda en tus tareas de ser madre, sin escabullirse de las que específicamente le corresponden como padre de familia.CORRESPONDENCIA. Te da lo que le pides porque no le exiges lo que no puede ofrecer.VALORACIÓN POSITIVA. Junto a él, tienes la sensación de ser escuchada, porque no teme a las dificultades que plantea la vida, sobre todo, en el terreno emocional.

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