El elixir de la prudencia

El elixir de la prudencia

La prudencia se aprende y constituye un rasgo de carácter saludable. Es prudente aquella persona que sabe esperar y que se da tiempo antes de responder o actuar frente a las provocaciones de la realidad. También lo es quien piensa en lo ya sucedido para elaborarlo psicológicamente.La mayoría de los rasgos de carácter se aprenden dentro de la familia. Construimos nuestra identidad con la ayuda de los padres, que también nos enseñan, con su educación, a dominar los impulsos más primarios. La forma en la que nos hayan enseñado a controlarlos será determinante para que seamos, más o menos, prudentes.Y, además, constituirá uno de los signos que delatan la fortaleza del "yo". Es la parte racional de ese "yo" la que nos aconseja ser sensatos y reflexivos cuando un exceso de emoción nos embarga.Respetar los tiemposLuisa estaba bastante agobiada y dormía mal. Le atormentaba la idea de no acabar el trabajo para la fecha en la que se había comprometido. Y, aunque lo terminara, como en ella era habitual, no le quedaría tan bien como lo hubiera hecho de haber tenido más tiempo para llevarlo a cabo. Quizá, debería haber sido más prudente antes de aceptarlo, pero contestó que sí sin pensarlo. Lo peor es que no sabía por qué actuaba de ese modo.Lo lógico es que se hubiera tomado un tiempo de reflexión para medir sus posibilidades y ver si contaba con los requisitos necesarios para que la tarea saliera bien. Luisa había tenido una madre con poca capacidad para hacerse cargo de ella, por lo que abandonó su educación en manos de una hermana que no había tenido hijos. Su tía se afanaba en ser buena con ella y la cuidaba bien, pero era muy exigente a la hora de relacionarse con ella, porque siempre le pedía resultados de forma acelerada para una niña pequeña. La obligaba a comer demasiado rápido, a vestirse a toda velocidad, a hacer las tareas escolares en poco tiempo?Tapaba sus inseguridades y su ansiedad pidiéndole a la niña demasiado. En realidad, la trataba como si fuera un adulto, sin respetar sus tiempos infantiles. Luisa había aprendido demasiado pronto que, para ser querida, tenía que responder de manera inmediata a las demandas de los otros. Nadie había respetado los periodos que hubieran sido convenientes para su educación emocional. Y, ahora, no sabía ser prudente, no era capaz de tomarse un tiempo para pensar las propuestas que le hacían. De ese modo, reproducía el rasgo de impaciencia que caracterizaba a su tía, a quien quería, ya que la identificación es una forma de amor: deseamos ser como la persona a quien se ama, más allá de que racionalmente nos convenga o no.Emociones inconscientesQuizá la falta de prudencia de Luisa para organizarse frente a las presiones externas se debía al deseo de constatar que, si respondía rápido, sería querida. Tras esta actitud ocultaba la duda que siempre tuvo sobre el amor de su madre, que si bien no pudo hacerse cargo de ella, sí lo hizo de sus hermanos varones. La prudencia está íntimamente relacionada con la capacidad de nuestro "yo" para elaborar psicológicamente los sentimientos. Esta capacidad tiene mucho que ver con la posibilidad de poner palabras a nuestras emociones, de reflexionar sobre ellas, de recabar datos sobre lo sucedido y sobre lo que le ocurre al otro. En definitiva, está asociada al pensamiento y éste sólo se puede transmitir en palabras, pero necesita un tiempo para expresarse, para organizarse y, así, dominar y controlar las emociones de nuestro inconsciente.Las clavesLas situaciones en las que se debe extremar la prudencia son:Tras una separación de pareja. Es preferible reflexionar sobre el por qué del fracaso y preguntarse por la participación de cada uno en la ruptura. No es prudente comenzar una nueva relación enseguida, porque elaborar lo que ha ocurrido necesita tiempo. Si no se realiza, hay muchas probabilidades de repetir el mismo error.En los enfrentamientos con hijos adolescentes. Es importante ser prudentes en las respuestas. Hay que ponerles límites, pero también comprender que su actitud impulsiva proviene de un "yo" inseguro y del miedo a crecer. En esos momentos hay que escucharles y contener su angustia.Cuando estamos muy interesados en un trabajo, un proyecto… es preciso actuar con cautela. Antes de comprometernos, debemos reflexionar y sopesar los pros y los contras para medir mejor nuestras energías.Al querer dejar las cosas claras, resulta esencial actuar con buen juicio. Eso significa reflexionar acerca de nuestra participación en los hechos enjuiciados, pues sólo de ese modo seremos capaces de determinar las responsabilidades de los otros.

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