Berna, una joya medieval

Berna, una joya medieval

Berna es la capital federal de Suiza. El casco viejo de su área metropolitana, que cuenta con cerca de 350.000 habitantes, la mayoría de habla alemana, está inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO gracias a su arquitectura medieval conservada a través de los siglos.Pequeña, tranquila y bella, por su fantástico emplazamiento en un meandro del río Aare que la atraviesa, guarda otra sorpresa en las afueras: el Centro Paul Klee, obra del arquitecto Renzo Piano, un gran edificio vanguardista en la Europa Central. Este museo ofrece hasta el 26 de septiembre una exposición especial por su quinto aniversario que compara la obra de dos genios del arte del siglo XX: Pablo Picasso y el propio Paul Klee.Para conocer Berna lo mejor es partir de la Plaza de los Osos (Bärenplatz") a través de una vía adoquinada que cambia de nombre a medida que se van sucediendo casas gremiales, torres de la muralla, soportales y sótanos repletos ahora de tiendas, restaurantes y algún centro de internet.En ese camino de Markagasse, Kramgasse y Gerechtigkeitgasse sorprenden varias fuentes del siglo XVI, donde el frescor del agua y el colorido de las imágenes siempre están presentes, y sobre todo la Zeitglockenturm con su famoso reloj de 1530 ideado por el maestro Kasper Brunner.Si regresamos en dirección al río, nos encontramos en el número 49 de Kramgasse la casa que habitó Albert Einstein durante tres años de su vida desarrollando su teoría de la relatividad. Es una visita corta pero recomendable para los fans del físico que quieran descubrir documentos originales en papel y filmados en un viaje virtual accesible a través de una guía audio en 9 idiomas.A la izquierda dejaremos el Ayuntamiento, de fachada triangular y flanqueado por la Fuente del Abanderado, y a la derecha la Catedral, de 101 metros de altura, con su suntuoso pórtico que muestra en piedra el Juicio Final con el paraíso y el infierno detallados minuciosamente en 130 figuras de piedra que no dejan indiferentes por su realismo cromático. Muy cerca, en la Munstergasse, los puestos de quesos, embutidos y vinos rompen de alguna manera la calma de esta tranquila y silenciosa ciudad.Hay que abandonar esta coqueta joya medieval por el puente Nydegg para descubrir el Parque de los Osos, la atracción principal y más popular de Berna. Desde el 25 de octubre de 2009, una pareja de adultos y dos oseznos hacen las delicias de los turistas junto al río en un entorno ahora más ecológico.

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