Desde Portugalete hasta la playa de la Arena

Desde Portugalete hasta la playa de la Arena

La cuenca minera facilitó el despegue económico de Vizcaya. Su paisaje, modelado por el hombre, retiene el encanto del hierro que impulsó el nacimiento de las fábricas.Aunque lejos de los montes de Triano, el bidegorri que enlaza Portugalete con la playa de La Arena nos permite bordear los pueblos que forjaron su carácter en excavaciones a cielo abierto. Ortuella, Gallarta, Zierbena, Muskiz, a sólo un golpe de pedal.La aventura comienza en Portugalete, donde los interesados podrán conocer al detalle la historia local y la ancestral relación de la villa con la cuenca minera.Decenas de personas, entre ciclistas y viandantes, demuestran que el bidegorri de La Arena no sólo es el principal de la margen izquierda, sino uno de los más arraigados de Vizcaya, además del más antiguo. Su inicio es sencillo y deleita con la presencia de las primeras praderas, aunque enclavadas en un entorno urbano todavía. Es después de cruzar la carretera general N-634 cuando emerge el paisaje propio de la comarca.El moderno polígono Abra Industrial aparece imponente, ajeno a que bajo sí oculta los antiguos accesos a las galerías. Cientos de obreros entraban por aquí a su lugar de labor, bastantes más de los que trabajan hoy en los pabellones. Restos de viejos yacimientos jalonan la vista más lejana. Estamos ya en Gallarta, bastión de la minería en Vizcaya. El pueblo entero, de hecho, tuvo que trasladarse de lugar, renunciando a su pasado, para no detener la extracción del hierro de sus entrañas.La senda avanza y descubre un desvío hacia otro bidegorri, el que conduce por Galdames hacia Las Encartaciones. A la misma altura, mediado ya el trazado, un área de descanso. Lugar ideal para un tentempié o relajar las piernas antes de emprender el descenso hasta la playa de La Arena. A través de pronunciadas cuestas que dejarán a un lado el monte Serantes, con su fuerte militar en la cumbre, y cruzarán las más idílicas estampas de Zierbena, localidad asociada desde siempre, sin embargo, a su tradición marinera.El arenal más frecuentado del litoral vizcaíno aguarda al final del trayecto. La excursión ha terminado y el guía se afana en dar las últimas aclaraciones. Explica el color rojizo de la playa, debido al mineral de hierro que durante años se lavó en el río Barbadún, y destaca la riqueza de sus dunas y su ecosistema. Tras disfrutar de la estampa, toca afrontar el regreso. Y la vuelta, mejor realizarla en tren.

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