Las maravillas de la República Dominicana

Las maravillas de la República Dominicana

Existe un lugar al otro lado del océano donde el sol se despereza cada mañana entre un bosque de palmeras, las olas se deslizan sobre playas de arena finísima y bandadas de peces voladores escoltan a las motoras que se adentran mar adentro en busca de marlines; donde los cuerpos se broncean incluso con el cielo nublado, el ron no deja resaca, y las sesiones de merengue y bachata compiten hasta la madrugada con el ritmo narcótico del reggae. Repito, ese lugar existe, aunque no sea un país, sino más bien una franja de tierra que lo envuelve con arrobo y que revela sólo lo que cada uno está dispuesto a ver.Se llama Punta Cana y se extiende a lo largo de la línea de costa de República Dominicana, en el extremo oriental de la isla, donde las aguas del Atlántico y el Caribe se funden en un húmedo abrazo y contagian al viajero todo el calor del trópico.Punta Cana se extiende a lo largo de más de quince kilómetros de playas, desde el Sivory hasta el Club Med, una franja cuajada de hoteles donde hace apenas 35 años no había otra cosas que selva y manglares. Un grupo de inversores norteamericanos desembarcó allí a finales de los años 60 decidido a modelar un paraíso en la tierra. Y vaya si lo consiguieron.La zona, que por aquel entonces ni siquiera tenía carreteras, asistió de pronto a un desarrollo en progresión geométrica: hoteles y resorts de lujo surgieron como setas mientras los mapas incorporaban nombres convertidos hoy en luminarias del turismo internacional, como El Cortecito, Playa Bávaro, Cabeza de Toro, Uvero Alto o Macao. Un goteo incesante que aún hoy parece no tener fin.

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