Túnez, desierto y aventura

Túnez, desierto y aventura

Situado en la otra ribera del Mediterráneo, en su capital conviven las babuchas y los portátiles; al sur se alternan los oasis y los palmerales con las enormes dunas, y al este está la isla de Djerba, conquistada por los españoles en tiempos de Alfonso X el Sabio.Túnez, que fue capital de Cartago, permite combinar las compras y la visita cultural. La Puerta de Francia separa la ciudad nueva de la medina y es uno de los vestigios que quedan de la antigua muralla. En las primeras calles se agrupan los vendedores de recuerdos. Es preferible atravesar rápido esta zona para adentrarse en la parte amurallada, una encrucijada de callejuelas llena de artesanos, madrasas, cafés y mezquitas como la de Zitouna. Más adelante, encontrarás los zocos cubiertos, con tiendas de perfumes, especias, oro y los famosos chechias (el gorro tradicional). Si no quieres salir de la medina, puedes comer en el restaurante Dar Bel Hadj (17, Rue des Tamis). A última hora de la tarde, es el momento de cenar en el pueblo de Sidi Bou Said, a pocos kilómetros, donde se refugiaron Paul Klee y Flaubert. En el Espace Dar Zarrouk podrás degustar el brik (hojaldre relleno con carne, alcaparras y patata con un huevo).
El desierto. Tras recorrer una rudimentaria carretera entre las dunas del Sahara, encontrarás Tozeur, el oasis más grande. Aquí el palmeral y los canales acuíferos contrastan con la arquitectura tradicional de la medina. Sorprenden los pórticos, las fachadas de las casas y las callejuelas abovedadas con ladrillos de barro. Al sur, se encuentra Ong Yamal, un árido paisaje donde se rodaron "El paciente inglés" y "La amenaza fantasma". No muy lejos, Tamerza es una medina de casas de adobe, casi desaparecida, con una única vivienda encalada que hace de mezquita. En los alrededores, merece la pena acercarse hasta la cascada de Chebika, que acaba en una espectacular garganta.La isla de Djerba. Es uno de los lugares más exóticos del país. En Houmt Souk, el barrio del mercado esconde la arquitectura tradicional, los funduqs, casas encaladas con cuatro torretas. Al borde del mar, se levanta el fuerte español, herencia del rico pasado de la isla. Según la tradición, los judíos llegaron a esta isla tras la expulsión de Jerusalén a manos de Nabucodonosor. Su antigua presencia se materializa en una sinagoga, situada en la aldea de El Riadh, que regentan ancianos judíos de origen sefardí. En Guellala, el pueblo de los alfareros, encontrarás artesanía muy rudimentaria y otra más convencional.

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