¿Qué son las carencias afectivas? Urge atenderlas
¿Qué son las carencias afectivas? ¿Por qué están completamente ligadas a la salud mental? Y la pregunta más importante en sentido de retórica: ¿Por qué debemos de invertir tiempo, dinero y espacio en nuestra salud mental es la máxima prioridad?
Están relacionadas a las huellas de infancia. A esos espacios atemporales que viven constantemente entre nosotres como huellas indelebles que nos acompañarán —casi— siempre.
En muchos casos por siempre. ¿Pero qué definirá el tiempo que nos quedemos con esas huellas de infancia, con esas innumerables carencias afectivas?: actuar en consecuencia.
¿Qué son las huellas de infancia?
Una de las compañeras más cercanas de las carencias afectivas son las huellas de infancia.
Estas situaciones o momentos dolorosos y/o incómodos que vivimos desde nuestra niñez. Que muchas de esas huellas de infancia se quedan permeadas en nuestro cognitivo porque vinieron de un vínculo de amor muy grande como la madre, padre, tutor, abuela, hermana, hermano.
La madre, abuela y hermanos son nuestro primer vínculo de amor y afectivo, cuando una situación o acción de alguna de estas persona nos lastima es cuando suele trasladarse a una huella de infancia.
Sin embargo, muchas otras huellas de infancia vienen desde las carencias afectivas y cómo reaccionamos ante ellas.
«El dolor se quedará hasta que le demos cupo y cabida en nuestro corazón». Y sí. Nada más sabio que saber y reconocer que algo: situación, momento, palabras, acciones se quedarán dentro de nosotros conviviendo hasta que no decidamos sacarlos. Darles una patada.
Las carencias afectivas nos delimitan
Y así como las huellas de infancia también las carencias afectivas nos delimitan y rigen nuestros días.
Los vínculos afectivos suelen desquebrajarse después de reconocer primero las carencias afectivas que todos tenemos. Ni una o uno nos salvamos de ellas.
En el cognitivo de cada ser humano hay un sinfín de carencias afectivas mismas que se trasladan a nuestro accionar del día a día. Es decir, si usted o yo actuamos sin compasión, sin inteligencia emocional, si nuestro accionar es más enfocado a la explosión y señalar a los demás, usted tiene carencia afectivas.
«No hay que ir Harvard». No.
Cada una de nosotras deberíamos saber reconocer que cuando explotamos con una verborrea e intentamos solo defender nuestro punto o razón es cuando más notables son las carencias afectivas.
¿Cómo sanar las carencias afectivas?
Nadie —o casi nadie— que tiene una alta inteligencia emocional explota ante un altercado o frente a una discusión. Defender nuestro punto es válido y además necesario, pero no reconocer el o los errores delata que solo tenemos activados nuestros mecanismos de defensa en donde salen a relucir, comúnmente:
- El victimismo.
- La necedad.
- Los insultos durante una álgida discusión.
- Desestimar la opinión de las y los demás.
- El juicio. Sociedad juzgona.
- La suposición constante.
No suponer. Mucho menos enjuiciar. No insultar: mejora nuestra inteligencia emocional, pero además; mejorará nuestra paz mental.
El juicio y exponer a alguien que no piensa como tú (yo), no hace más que delatar mi poca consciencia y autoconocimiento.
Si eres una persona apasionada de un tema, cuida tus palabras, reconoce que somos un montón de personas pensando distinto y que todos tenemos cabida con nuestros pensamientos.
Sistematizar las relaciones parasociales es otra señal de que estamos llenas y llenos de esas carencias afectivas que no permitimos ver. Nadie debería amar a alguien siendo fan de una forma desmedida, e incluso; agresiva. Es un sinsentido.
Las carencias afectivas se sanan: yendo a terapia psicológica, asistiendo al psiquiatra, conversando con tu familia y/o amigos y, sobre todo; reconociéndote un ser humano lleno de ellas porque tenerlas y sentirlas nos humaniza.
Amor para todas, todos, todes.