Pasarela Cibeles: el broche de oro

Pasarela Cibeles: el broche de oro

Pasarela Cibeles: el broche de oro

Los jóvenes creadores, protagonistas de la última jornada de la Pasarela Cibeles , mantienen dos tendencias opuestas, o puede que complementarias. Unos son rupturistas y piensan en lo rabiosamente juvenil, con ropa marchosa para día o noche. Otros siguen los patrones más clásicos aunque evolucionan y enriquecen la tradición. Ambos protagonizaron la jornada más creativa e interesante de la 45 edición del salón madrileño, con destacados desfiles de un elegante Juanjo Oliva y de Juana Martín. La diseñadora cordobesa levantó al auditorio con una apuesta que sin abandonar cierto aire flamenco quiere mirarse "con toda humildad" en Balenciaga.José Miró, Alma Aguilar, Carmen March, Juanjo Oliva, Juana Martín, Maria Lafuente y Anke Schlöder pertenecen al grupo de los que siguen un patrón clásico pero están al día en tendencias -unas románticas, otras con toques futuristas o los que son exquisitos en su elegancia- y que saben subir peldaños en sus carreras.Juana Martín no abandona su inspiración flamenca, pero ha demostrado a los "gurus? de la moda que sin abandonar su aire avanza por territorios más extensos. Esta vez realizó una sinfonía en negro con distintas intenciones. Por un lado, pedrería en propuestas que recuerdan el París de Channel o Givenchy. Por otro, tejido adamascado para sobrios vestidos rematados con algún volante. Además, el juego de diseños amplios y con cierto volumen quieren mirarse en Balenciaga, "con toda mi humildad", precisa la diseñadora. El resultado fue muy armonioso. La ministra de Cultura, fiel a la cordobesa, aplaudió rabiosamente.El mallorquín José Miró busca un futuro galáctico y presentó unos corpiños trabajados con silicona que se ciñen con pasacintas en la cintura para dejar caer después largos vuelos en sedas y satén. Chaquetas ajustadas en terciopelo con hombros alzados dan un toque sideral a la tradición.La madrileña Alma Aguilar viste una mujer romántica en la que dominan los vestidos, la mayoría negros y oscuros, que se ciñen a la cintura y dejan caer el vuelo, con remates de cintas bordadas que dan aspecto de enagua. Y la asturiana María Lafuente, afincada en León, sigue en la misma dirección, con el romanticismo pero también la bohemia como bandera.La eleganciaCarmen March y Juanjo Oliva comparten taller y desfilan en pases sucesivos. Ambos tienen intención de modernidad y se hacen fuertes en sus propuestas de noche. March -premio L?Oreal de la pasada edición al joven creador- sigue utilizando los efectos de volumen en las formas y las contrasta también con propuestas ceñidas. Rojos, azules, negros embellecen la noche, sin que falte el astracán muy rasurado para faldas.Juanjo Oliva se mira en los grandes modistos, como Gucci, y dio un recital de elegancia, tanto en hombre como en mujer. Presentó impecables esmóquines para ambos, delicados vestidos largos de satén y otros rematados con lazos exagerados. Negros, distinta gama de grises y blancos son los colores de su colección.Los rompedoresLo convencional se codeó con la ruptura de las tradiciones en esta última jornada. Entre estos últimos la ropa que sirve para la marcha de día y de noche. Dos parejas que se estrenan en Cibeles dieron prueba de ello. Las catalanas de El Delgado Buil se fijan en el Oeste americano para una colección de hombre y mujer totalmente blanca, con flecos, napa, vestidos en punto, o sudaderas exageradas convertidas en abrigos de napa. Y Luxoir, valencianos, se emplean a fondo en el punto, con mucho tono turquesa a cuadros. Ropa que sirve también para hombre y mujer y en la que hay capas de plástico convertidas en chubasqueros, mangas murciélago y camisetas de algodón con serigrafías.El bilbaíno Carlos Díez es el abanderado de esta tendencia, que también aplaude Cibeles ya que le premió hace dos temporadas. Esta vez trajo a la pasarela monos rojos que se pegan a la piel y a los que superpone vestidos drapeados. Además, una colección de denim y otra muy británica con cuadros escoceses. Todo ello con muchas cremalleras. "Hay que desmitificar la noche, que para mí es juvenil; no me gustan los brillos ni los tafetanes, apuesto por lo deportivo, con zapatillas cómodas para bailar", dice Díez.

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