Operarse el alma

Operarse el alma

Operarse el alma

Hasta que punto las operaciones de estética están dirigidas a encontrar en el espejo una imagen que nos haga sentirnos más queridos? ¿Mejoran de verdad la autoestima? ¿Hasta qué punto son recomendables? ¿Cuál es el límite ante el que habría que detenerse?Laura y Elena se encontraron por casualidad a la salida de un cine, después de 30 años. Habían sido íntimas en la universidad y mantuvieron la amistad hasta que Elena se fue a vivir a otro país. Ahora, tenían 63 años, pero Elena no los representaba. Su cara no tenía arrugas, sus labios parecían inflados y algo en su rostro evocaba la rigidez de una muñeca. En cualquier caso, parecía más joven, como si el tiempo se hubiera detenido para ella al alcanzar cierta edad. Tras ponerse al tanto de sus vidas, Elena comenzó a contarle a su amiga las operaciones de estética que se había hecho. Tras despedirse, comenzó a hacerse preguntas. Siempre había pensado que mejorar el cuerpo (sin hacerle pasar por traumas excesivos) podía resultar beneficioso. Pero lo de su amiga le parecía demasiado. Se había aumentado el pecho, estirado los párpados, inflado los mofletes… En cuanto a sus labios, daban la impresión de que podían estallar en cualquier momento.Elena siempre había tenido una enorme necesidad de gustar. Era seductora y tenía con los chicos un éxito que nunca le parecía suficiente. Su madre era una mujer distante, fría, con problemas psicológicos y por la que nunca se sintió querida. Laura, que conocía este dato, se preguntaba hasta qué punto la tendencia de Elena a operarse tendría relación con una falta de autoestima provocada por el rechazo de su madre. Sus reflexiones no iban desencaminadas. Los cirujanos plásticos son los especialistas que más pacientes reciben con problemas psicológicos, después de los psiquiatras y los psicoanalistas, según afirma el doctor José Juri, profesor de cirugía plástica de la Universidad de Buenos Aires.Las intervenciones plásticas pueden intentar realizar en el cuerpo operaciones que no se ha llevado a cabo en el psiquismo. El cuerpo psíquico está constituido por una realidad mental que incluye la historia emocional y afectiva que hemos vivido. En él habitan fantasías, deseos, amores, desamores y una representación de nosotras mismas que aceptamos o rechazamos. Somos, pues, propietarios de más de un cuerpo y de la relación que se produzca entre ellos depende que nos sintamos a gusto en nuestra piel. El psiquismo es el responsable de que nos veamos bien, incluso de que nos gustemos o de que, por el contrario, nos odiemos y nos sintamos prisioneras de un cuerpo que no reconocemos. Nuestra salud mental depende del grado de aceptación que tengamos de nosotras mismas, especialmente de aquello en lo que fallamos. Vivimos en una sociedad que niega el psiquismo y se aferra a lo material.Sin embargo, las cosas más importantes de la vida se notan y se sienten, pero no se ven. Por eso, frente al desasosiego, se interviene con frecuencia en el cuerpo físico, que parece estar más a mano que el psíquico. Cuando el paso de los años comienza a dejar huellas en el cuerpo, nuestro psiquismo nos coloca frente a la aceptación de pérdidas que, debidamente asumidas, pueden ayudarnos a crecer. Lo que perdemos en juventud, lo ganamos en experiencia, en sabiduría, en conocimiento.