El amor inagotable e incomparable de mi madre

Hablemos del amor inagotable y sus porqués.

Quería escribir esta pieza hace unos días, sin embargo, en este bendito proceso del duelo y de este dolor del que hablo una y otra vez todos los días, me fue imposible.

Recuerdo a mi madre con ese amor inagotable e incomparable. Único. Quisiera decir que como el de todas las madres, pero no, mucho menos hoy en día. Muchas personas están tan carentes del amor de mamá.

No es mi caso. Mis primeros recuerdos son con mi madre: sonriéndole a ella, abrazándola, admirándola y sobre todo amándola.

Mi madre es esa persona que, ahora sé, que casi siempre puede todo, logra todo y supera lo que se le ponga enfrente. Esta vez no está siendo.

Y no es que sea más o menos poderosa o más o menos capaz. No. Su fehaciente fuerza que muchas veces surge de su amor inagotable e incomparable por Dios, por la vida y por supuesto por sus hijos, esta vez la tienen entre sombras.

El amor inagotable

Recuerdo brevemente a mi madre llorando por la muerte de mi padre, mi hermano y yo éramos muy pequeños, sin embargo, justamente ese amor inagotable e incomparable la llevaron a aceptar y afrontar un nuevo comienzo.

Esta ocasión, ese amor inagotable que siempre ha sido su máximo orgullo y su bandera, no es que no le esté alcanzando, es que el dolor la está rebasando, la abruma demasiado y por momentos la ensordece y enmudece en su totalidad.

La veo que quiere, pero no puede. No sabe cómo, no recuerda sus días sin dolor y sin lágrimas, no le llegan esos pasajes donde ella lucía —casi—indestructible e incluso para mí irremplazable.

Mi madre y su amor inagotable era, sigue siendo, la muestra del amor de Dios hacia mí y mi hermano.

Pero un día: se apagó. No hay siquiera sonrisas mucho menos carcajadas o bromas o esas burlas tan retóricas que suele hacer. Hoy esa Kiki que todos amamos está en pausa.

El dolor y el miedo

Tras la muerte de su madre y de su hijo menor, mi madre se ha visto completamente dominada por el dolor y el miedo. Y es que ni siquiera sabemos miedo a qué o el porqué, pero ahí está esa angustia que incluso nos impide dormir.

Sin embargo, sé y confío que mi madre que es mi amor más grande y la luz de mi corazón y todos mis días, sé que habrá de resurgir, espero con ilusión el momento en que me diga, «Quiero salir, llévame por un café y a comprar libros. Necesito escuchar ópera y a Schubert».

Estoy esperando con amor inagotable esos momentos, estoy aquí para ella. Anhelo ese momento donde vea sus ojos sin lágrimas, donde su sonrisa tenga un atisbo y se asome al abrazarme sin soltar sus brazos porque se siente perdida.

Y aquí estoy para ella. Esperando paciente, pendiente de ella, siendo su contención ante la muerte de su hijo menor, de su madre y de su hermano. Inexplicable, incomprensible pero la vida es así.

El tiempo que sea necesario

Y entre tanta catarsis y tantos nuevos comienzos y primeras veces que nos esperan a mi madre y a mí, y por consiguiente a las personas que nos aman y que amamos. Estoy cierto que el tiempo que sea necesario estaremos aquí, como siempre, como lo recuerdo: juntos.

Recién leía a Piedad Bonnett tras completar el libro ´Qué hacer con estos pedazos´ que sucedió a ‘Lo que no tiene nombre’ donde habla del suicidio de su hijo, recupero una frase: «El duelo dura lo que tiene que durar la vida. Así como el amor inagotable e incomparable que ese sí dura para siempre».

El tiempo sabio habrá de actuar sobre nosotros. Dios, la terapia y el tiempo nos habrán de acompañar en este camino oscuro donde solo anhelamos sanar. Y volver a vivir sin dolor.

Dios sabe cuánto he rezado por volver a ver a mi madre en paz y sin dolor. Espero cautelosa y pacientemente que sus ojos me miren con plenitud.

Soy piadoso, lo único que deseo en mi vida ahora mismo es ver a mi madre con ese brillo único y con la plenitud de sus días. Y repito: en paz.

Mi madre no leerá esto, sin embargo si lo lee: ¡Te amo con ese amor inagotable e incomparable que tú me muestras siempre! Aquí estoy, junto a ti y esperando por ti, má. Eres toda mi vida, Kikisauria.

A mi madre con inmenso e inagotable amor, Ál. Eres mi para siempre.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More