Grupo Cristiano Esperanza

Grupo Cristiano Esperanza

Grupo Cristiano Esperanza

"Con los pobres de mi tierra quise la suerte echar". Fiel a este lema de José Martí y animada por su experiencia como misionera seglar entre los indios guajiros del interior de Venezuela, Miren Eguiguren dijo adiós a su trabajo, cruzó el Atlántico y se instaló en una chabola de Petare, una de las zonas conflictivas del área metropolitana de Caracas.Corría la década de los setenta y el país que le recibía nadaba aparentemente en la abundancia, gracias al "boom" del petróleo. Eran los tiempos de Carlos Andrés Pérez, un presidente que acabó procesado por malversación de fondos: "Cuando todos aspiraban al "ponme donde haiga", es decir, a ocupar un lugar donde robar y dejar robar". La euforia resultó efímera y el inmediato deterioro socioeconómico prosigue imparable. "Siempre va a más", lamenta. "Pero, desde entonces, lo peor que he visto ha sido decaer la dignidad de las individuos, sentirse inútiles".Mientras, aquella emigrante sacaba su título de bachillerato, conseguía la licenciatura en Pedagogía y se empleaba como profesora en un colegio. Entonces no había analfabetos. "Hoy en mi zona hay 65.000" y la última escuela local se construyó hace casi cuarenta años, denuncia.La "maestra", como todos la conocen, se ligó al trabajo comunitario a través de la fe. "Vas viendo y tomas decisiones", explica con sencillez. "Dábamos catequesis a las madres para que enseñaran a sus hijos". También las acompañaba en el duelo cuando aquellos jóvenes aparecían muertos en los barrancos: "Es que hubo una época en la que liquidaban a los chicos que estudiaban".Miren ha sufrido mucho miedo. "A veces, no podía salir de casa", confiesa. "Y siempre, para regresar a mi hogar, tenía que pagar peaje a matones. También me han robado, pero como a todos los vecinos del barrio", añade.No se arredró y hace veinte años fundó el Grupo Cristiano Esperanza, germen de numerosos proyectos. "Tenía ganas de enseñar y crear cooperativas con mujeres, alentarlas, que fueran todas dueñas y compartieran ganancias". Ese colectivo de emprendedoras vecinas dio lugar al taller de costura, a un comedor para más de mil niños, incluso a la empresa panificadora que vende en el centro.Datos: Para colaborar con la ONG Grupo Cristiano Esperanza pueden escribir a mirentxupetare@cantv.net o a kilkir@cantv.es.