Elvira Lindo, escritora

Elvira Lindo, escritora

Elvira Lindo, escritora

Nueva York se ha convertido en su segunda casa, o en la primera, según estén aquí o allá. La escritora Elvira Lindo y su marido, el también escritor Antonio Muñoz Molina, acaban de regresar a Madrid y a ratos ya piensan en la vuelta a la capital del mundo. Con ella mantienen una historia de amor que ya ha cumplido más de una década, y ahora han pensado estabilizarla residiendo una parte del curso allí, en Manhattan.Muñoz Molina ha terminado su trabajo como director en el Instituto Cervantes de Nueva York y Elvira Lindo tiene en proyecto escribir una guía personal sobre sus rincones preferidos en la urbe de los rascacielos.- ¿Qué echa en falta ahora de Nueva York?- Sobre todo, mi barrio. Cuando llevas un tiempo viviendo allí, tienes tus esquinas, tus restaurantes cerca de casa, tus tiendas, tus vecinos. En Nueva York, los restaurantes de barrio, que suelen ser pequeños, acogedores y baratos, tienen mucha importancia. La gente come fuera muy a menudo y son centros de reunión social. Supongo que lo que echas en falta es la vida normal, la otra vida normal.-¿Puede decirse que aquí a usted y su marido les cuesta más pasar desapercibidos?- Aquí no nos persiguen por ser muy conocidos. La atención que podamos suscitar en España es, por lo general, muy agradable. Los neoyorquinos tienen fama de ser prudentes. Allí, la vida privada es intocable; aquí, no.-¿Los neoyorquinos son más educados que los españoles?- A veces van tan rápido por la calle que pueden ser desconsiderados. Pero luego, por ejemplo, te escuchan con atención. Los españoles expresamos nuestras opiniones con mucha rapidez, mientras que ellos hacen una especie de pausa valorativa. Esperan. Dejan pasar un rato y luego hablan. Con el tiempo vas pensando en esto y crees que está bien. En fin, aquí estas cosas hay que decirlas con mucho cuidado, porque hace poco salieron unos datos en los que se decía que España era el país más antiamericano de la Unión Europea. Parece que cuando hablas así tienes que empezar disculpándote.-¿Aquí la gente tiene unas señas de identidad más estáticas?- En España muy poca gente se va a vivir fuera. Hay personas, incluso de los medios intelectuales, a las que se supone más viajadas, que todavía te pregunta: ¿Por qué? ¿Qué se te ha perdido allí?-¿Qué tópicos sobre España utilizan más los estadounidenses?- Hay cosas que nunca llegas a entender. Ideas sobre la vida, el comportamiento o el trabajo. Los modales son muy distintos a los nuestros y, a veces, muy rudos.-¿Sí?- Te encuentras con gente muy brillante, muy franca y con un trato muy exquisito, que mantiene una distancia que aquí se acorta enseguida, y que a la vez muestra esa rudeza. Pero, claro, ¿cómo nos verán ellos a nosotros? Quizá demasiado formales y ceremoniosos. Y es verdad. Nosotros tenemos una especie de ritual para sentarnos, comer y presentarnos a los otros, para ir más o menos arreglados. Es algo que lo hemos visto en nuestros abuelos y en nuestros padres, mientras que ellos no parecen tener esa conciencia.-¿Les da todo igual?- Columbia es una de las universidades que más premios Nobel ha dado. Sin embargo, hay alumnos que comen hamburguesas en las clases, y los profesores lo permiten porque están también en ello. O se duermen en la biblioteca. Te resulta chocante lo informal que es la gente.-¿Es el dinero el dios más fuerte?- Aquí, si uno no cierra su tienda un domingo, se ve como competencia desleal, mientras que allí se ve bien. Me imagino cómo se pondría un neoyorquino en agosto al ver en todas partes el cartel del cerrado por vacaciones. No se lo podría creer.-¿En qué fase está la corrección política, una moda muy americana? -Yo distinguiría entre las medidas de salud y la corrección política en el pensamiento, el lenguaje… Si prohíben fumar en ciertos sitios, aquí se tiende a ver como un ataque a la libertad, no como una medida para mejorar la calidad de vida. Otra cosa es ser tolerante, y que te fumes un cigarrillo de vez en cuando.